Contra-tiempo pte.13 / Oscuridad

- ¿Cuánto hace que nos está siguiendo ese auto?.- Mi primo no movió ni un solo músculo de su rostro ante mi pregunta. Mantuve un tono tranquilo, como queriendo imitar las reacciones de mi primo, pero siendo sincero, desde que noté que nos seguían me abordó la sensación de que cada palabra que pronunciaba podía ser la última.

- No lo sé. Supongo que nos estaba esperando en el departamento del arquitecto. Desde la ventana pude divisar una sombra, una silueta, alguien que nos observaba desde el interior de ese audi. Y esa es la razón por la que apuré nuestra salida.-

- ¿Le disparo? Puedo hacer lo usual: radiador rueda y parabrisas.-

- No, pretendo no llamar demasiado la atención. Dejemos que nos siga, estoy tomando un camino opuesto al que nos llevaría a mi casa para no darle pistas acerca de nuestra ubicación y ahora haremos una parada. Espero que tengas hambre.- Me dijo con una sonrisa casi burlona.

Se detuvo en un autoservicio que estaba unos 5 kilómetros más adelante, me hizo un gesto para que entráramos al comedor del mismo y, mientras yo me acomodaba algo anonadado en una mesa que nos permitiera ver algunas de las dársenas de estacionamiento, él se acercó a la caja. Como es su costumbre, le dedicó un par de sonrisas a la cajera, algún piropo, seguramente le encargó algo para tomar, compró palillos, un mapa, pidió un cigarrillo, pagó y se dirigió a nuestra mesa.

- Nos pedí un par de capuchinos, primo, en un rato los acerca esa linda pelirroja, y  la verdad que no tengo mucho apetito así que no pedí nada para comer, pero si quieres, le puedes pedir algo más. Por cierto, mejor cambiemos de mesa – Dicho esto comenzó a pasar su mirada, como si fuera un escáner, por todo el lugar.-  Mmmm.... Esa que está en el rincón se ve mucho más cómoda.-

Cambiamos de mesa, yo me senté, él me guiñó un ojo y se alejó. Lo vi dirigirse a una mesa vecina, ocupada por niños de unos 10 años que comían en una mesa contigua a la de sus padres, les dijo algo, les dejó algunos palillos y luego fue a hablar con los padres de los niños. Hablaron por unos pocos minutos, se hacían señas, señalaban puntos en el mapa y mi primo les dio las gracias y salió un momento al estacionamiento del lugar. Lo vi encender el cigarrillo. “Es normal, o lo sería si Nicolás fuera fumador.”, pensé. Una vez terminado el cigarrillo, volvió a entrar. Su café había llegado hacía poco más de 11 minutos, se había enfriado un poco, pero sé que mi primo lo prefiere así.

Se sentó frente a mí y a mi mirada expectante. Bebió su café con la paciencia que lo caracteriza, mientras yo aún esperaba una explicación. Me sonreía con una expresión de satisfacción, con brillo en los ojos, casi divertido. Conservando el silencio dejó su taza sobre la mesa, sacó un palillo del bolsillo de su camisa, le dio un par de vueltas entre sus dedos, lo partió y dijo:

- ¿Ya terminaste, primo? ¿Nos vamos?.- Ni bien terminó la frase, se levantó sonriente y se encaminó hacia la puerta. Obviamente lo seguí.

Subimos al auto y él condujo como si nada sucediera. A la velocidad que conduce siempre, no como si escapara ni nada por el estilo. Yo no dejaba de girar mi cabeza buscando a nuestras espaldas al audi gris.

- Primo, no lo busques. Esto fue lo que sucedió: Te pedí cambiar de mesa para que nuestro amigo no nos pudiera ver desde el auto, por lo que si quería hacer su trabajo, debía bajarse y buscar alguna forma de tenernos vigilados. Los palillos que compré cuando entramos eran para regalárselos a los chicos y el mapa era para pedirles indicaciones a los padres. Innecesarias, lo sé, pero la idea era no levantar sospechas. En la casa del arquitecto noté que se trataba de un solo sujeto, por lo que decidí salir a fumar para obligarlo a concentrarse en uno de nosotros, no podía vigilarnos a los dos. No sé si se fijó en mí o en vos, pero me pareció una interesante distracción para que los chicos utilizaran los palillos que les di y así desinflar los neumáticos del audi. En conclusión, cuando salimos, él no pudo seguirnos, supongo que a lo mucho habrá avanzado algunos metros.-

- Interesante forma de sacarnos un peso de encima. Por cierto, ¿sería posible que me dijeras a dónde vamos ahora?.- Mi tono denotó lo ofuscado que me sentía por todo lo que él había hecho sin consultarme. Supongo que no costaba nada avisarme a qué estaba jugando, hasta podría haber sido útil contar con mi ayuda.

- Vamos de vuelta a la ciudad, primo, el tercer escenario es necesario hacerlo ahora. Sospecho que los siguientes tendremos que hacerlos de noche, trabajar a la luz del día cuando nos están siguiendo, no parece saludable, máxime si aún no conocemos a nuestro persecutor.- Borró su media sonrisa y ahora hablaba con un poco más de seriedad. Lo que me respondió tenía poco sentido, trabajar de noche cuando lo que debemos hacer ahora es observar cada detalle con atención, no parece una buena idea.

- Nic, los dos sabemos que nuestro trabajo tiene dos momentos insoslayables y depende en un 60% de la observación, como primer momento, y que el 40% restante, ese segundo momento, no es ni más ni menos que simple ejecución. La penumbra, la noche, la oscuridad, nos es útil y casi necesaria para ese 40%, pero es contraproducente para el primer momento, es decir, para el 60% de nuestro trabajo, y es justamente eso lo que estamos haciendo ahora al visitar las distintas escenas. ¿A caso no pensaste en eso?.-

- Claro que lo pensé, pero es necesario, no tenemos otra opción. Además, estoy casi seguro de que en todas las escenas encontraremos lo mismo, sé que es imprudente adelantar conclusiones, pero estoy convencido de que la clave de todo esto está en otro lado, estoy convencido de que está en lo que no vimos más que en lo que nos queda por ver.-

Una vez más, el silencio se presentó ante mí como mi mejor alternativa. Discutir con Nicolás sería improductivo aún si encontrara las palabras para hacerlo. De todas formas, y a pesar de que no me guste, confío en él y debo reconocer que también entiendo que no hay otra alternativa.

Aún resuenan en mi cabeza sus palabras, en mi mente se formó un manto, una densidad sombría, una falta de claridad que no me permite percibir las cosas, no me permite ver ni mis ideas. Me pregunto a qué se refería mi primo con eso de que la clave está en “lo que no vimos más que en lo que nos queda por ver”, supongo que suena como que pasamos algo por alto. Siguiendo la lógica de sus palabras, lo que “nos queda por ver” es algo que “no vimos”, y si él lo separó, supongo que se refiere a que hay algo que no vimos entre todo lo que ya vimos, algo que deberíamos haber visto. Según entiendo, mi primo me está diciendo que algo se nos escapó.

Años trabajando juntos, años de conocernos, compartimos la misma sangre y aún así, a veces, no logro entender qué razones tiene mi primo para expresarse siempre con tanto intriga, por hacer tanto enredo. Estoy seguro de que le gusta ver mi cara de asombro o de desconcierto y también de que lo hace para divertirse, sé que lo disfruta. Quizás se siente seguro diciendo poco o aclarando poco..... Aclarar, echar claridad, echar luz, iluminar, combatir la penumbra, diluir la oscuridad. Tal vez me equivoqué, tal vez las sombras, la noche, la penumbra, la oscuridad es lo que necesita mi primo, tal vez él se sienta cómodo manejándose en la noche. Ahora que lo pienso, quizás sea la mejor opción, más allá de que sea la única.

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