Todos fuimos, somos y seremos principiantes en algo. De vez en cuando nos toca ponernos en la piel del novato. Tarde o temprano todos tenemos un inicio porque siempre hay una primera vez para todo, pero no deja de sonarnos despectivo el término "principiante" o el término "novato", y es que no nos gusta sentir las limitaciones propia de quién se inicia. Cuando comenzamos un nuevo camino, una nueva empresa, el intento por logar una nueva meta, algo que tildamos de "nuevo" porque nunca antes nos propusimos emprender; somos principiantes, novatos, novicios, noveles, meros aprendices. Nos guste o no, nadie es capaz de levantarse y correr si antes no aprende a caminar, así como nadie camina a la perfección en el primer intento. El convertirse en "experto" en algo viene de la mano del esfuerzo y la práctica constante. En definitiva, sólo es cuestión de tiempo.
No pude evitar sentirme nuevo en esto, me sentía inexperto y desorientado. No es lo que acostumbramos a hacer y, definitivamente, tampoco estamos siguiendo los pasos que habitualmente seguimos. Conozco mi trabajo, soy muy bueno en lo que hago, pero ahora sólo me limitaba a seguir los pasos de mi primo y a ver pasar este caso frente a mis ojos. Me siento un simple espectador tomando nota de todo lo que sucede y a duras penas puedo intervenir una vez cada tanto para colaborar con Nicolás. No obstante, tengo la corazonada de que ejecuto un papel importante e imprescindible en este juego que me propone mi primo.
Dentro de 3 minutos habrán pasado 10 horas desde que nos despedimos de Arcángel. En algunos minutos más se cumplirán 10 horas sin que logre quitar esa verde carpeta de mi cabeza. Estoy agotado, pero aún no logro conciliar el sueño y es claro que esto a penas comienza.
Me encuentro mirando un punto fijo en una habitación oscura, recapitulando todo lo que pasó el día anterior. Aún intento adivinar cuál será nuestro próximo paso mientras me pregunto si mi primo está tan desorientado como yo. Quizás nos apresuramos en hacer una promesa que no podemos cumplir. Quizás nos embarcamos a perseguir una meta que no podemos alcanzar. Por otro lado, la recompensa es grande y no es momento de bajar los brazos. Y también está esa extraña carpeta verde.
- Me alegra que hayas logrado despertarte temprano, primito. Hoy nos toca un día largo y voy a necesitar toda tu atención - Dijo Nicolás mientras se estiraba hacia mi cama para darme dos pesadas palmadas en el pecho. Miré mi reloj y noté que ya eran las 6.30 de una fresca mañana de otoño. - ¿Pido que nos traigan café?.-
- Que el mío sea doble, por favor - Respondí incorporándome y tanteando con mis pies el frío suelo en busca de mis pantuflas. - Necesito que hablemos, primo. Necesito respuestas. Quiero saber qué estamos haciendo, es decir, ¿podemos hacerlo?, ¿podemos resolver esto?. Estamos jugando un juego que no conocemos, en donde nosotros no ponemos las reglas y en el que aún no sabemos que sucederá si perdemos.-
- Confía en mí. No estaríamos acá si no estuviera seguro de que podemos resolverlo. Sé que hay mucho en juego y justo ahora nos ves en un callejón sin salida. Sé que tienes muchas preguntas que no puedo responder y que yo también tengo mis dudas, pero necesito que confíes en mí, necesito que creas en nuestra destreza y en nosotros. No te olvides que nuestra idoneidad en esto radica en la experiencia que tenemos por haber estado del otro lado.- Terminó de acordonar sus borceguíes, aprovechando mi silencio. Yo me debatía entre lo mucho que confío en él y las dudas que me generaba esta difícil situación.
Mientras Nicolás pedía nuestro desayuno, yo me cepillaba los dientes y fue entonces cuando lo vi. En frente mío, en el espejo, ese rostro que tantas otras veces había visto. Me mostraba miedo, me mostraba inseguridad, veía frente a mí, una vez más, a un novato. El espejo me devolvió esa mirada que hacía tiempo que no veía. Volví a ver al mismo Agustín de hace 7 años atrás.
Los días no terminan con sus noches, terminan con el comienzo del día que les sigue. Justo en el instante en que me contemplé frente al espejo me di cuenta de que mi primer día terminó. Ayer fue mi primer día en este trabajo, mi primer día en este papel, mi primer día como novato en éste rol que es una mezcla entre detective y asesino. Asesino.
Contra-tiempo pte.8 / Asesino
Hace mucho que hago esto y, francamente, nunca estuve seguro de si alguna vez tuve opción. No sé hasta qué punto uno es libre de elegir y hasta qué punto las circunstancias eligen por uno. Hace mucho que hago esto, desde que cumplí 18 años, desde que Nicolás se convirtió en mi única familia, desde que un cuarteto de improvisados criminales, cuatro desquiciados, decidieron arrebatarnos a nuestros seres queridos. Definitivamente yo no elegí eso, estoy seguro de que mi familia tampoco, y difícilmente puedo decir si esos cuatro sujetos lo hicieron. Desde entonces todo fue cuesta abajo, fue el dar un paso y creer que sería el único, que podríamos detenernos algún día, que teníamos una meta, un final, pero sin darnos cuenta empezamos a transitar un camino que no tiene retorno, que nos obliga a seguir, que nos lleva a donde no elegimos ir. Nadie elige estar donde está, nadie sabe cuál es el papel que le toca, ni siquiera sabemos dónde comienza y cómo termina; según lo veo, todos recibimos nuestros guiones en la oscuridad y esperamos a que se levante el telón y se enciendan las luces para ver quienes somos y qué rol nos toca interpretar. No elegimos estar donde estamos, simplemente elegimos estar.
Me han llamado de muchas formas, al igual que el diablo he tenido muchos nombres, y lo que siempre me sorprendió es que nunca me llamaron "homicida". No somos muchos los que conocemos la diferencia entre "homicida" y "asesino", pero los que negociamos con la muerte tenemos aprendido de memoria que el primero es quien le quita la vida a una persona por motivos personales, adrede o no; mientras que el segundo lo hace por encargo y a cambio de un precio. Yo debo admitir que fui ambos. ¿Fui?
- El silencio no siempre es bueno, Agus, quiero que me digas qué ves aquí.- Dijo mi primo abriendo sus brazos como si quisiera abarcar toda la habitación.
Estábamos frente a la escena que describía el primer expediente. La víctima era un sujeto de unos 28 años, como de 1,68, 71 kilogramos, cabello rubio, tes demasiado pálida y un nombre que, tras agotar todo tipo de conexiones para descartar móvil y relación con las demás víctimas, decidí olvidar. Se dedicaba exclusivamente a reparar computadoras y a su cuerpo, casi no tenía amigos y difícil sería hablar de una relación sentimental en sus últimos años. La policía había hecho un gran trabajo con todos los casos, y este no era la excepción, habían investigado a fondo hasta descartar todos los móviles tradicionales, interrogaron a cuanta persona formara parte de su entorno y se cuidaron de no contaminar la escena más de lo debido. A más de 2 meses del hecho, de que este primer expediente surgiera, aún seguía prácticamente todo en su lugar. La escena se podía apreciar perfectamente. No se veían indicios de lucha, la puerta no estaba forzada y estaba casi todo perfectamente acomodado, lo que indica que la víctima conocía a su victimario. A juzgar por la ausencia de fotografías y la cama de una plaza, supongo que el sujeto vivía solo. Había sobre una mesita en el living un vaso usado y considerando los cubiertos aún sin lavar, había estado sólo en esa casa el día de su deceso. Estaba claro que conocía a su agresor y que todo sucedió momentos después de dejarle entrar, puesto a que ni siquiera lo invitó con una taza de café. La vivienda era pequeña, constaba de una pequeña cocina en la que había una lavadora, un living en el que sólo cabía un sofá y un viejo televisor, y una habitación sencilla de dimensiones reducidas y sin ventanas. Todo se veía muy humilde, pero limpio y ordenado, no parecía que faltara nada de valor, de hecho, me cuesta imaginar que alguna vez haya habido algo de valor en ese lugar.
- Primo, esto parece muy claro. El sujeto vivía solo, no tiene familia, conocía a la víctima puesto a que no hay daños en la puerta, las ventanas son pequeñas y no se evidencian signos de que haya habido una pelea. La víctima era joven, de complexión atlética y, como lo demuestra ese pequeño trofeo en esa enclenque estantería, alguna vez practicó artes marciales. Creo que habría podido defenderse si hubiera tenido oportunidad - Contesté de forma automática y con la mirada perdida. - Descartando el robo y no habiendo signos de que estuviera en alguna relación; considerando que no lo encontraron desnudo y que siempre mantuvo una buena relación con sus compañeros de trabajo; salta a la vista que no era alguien religioso y la policía constató que no forma parte de ninguna secta o culto... y, claro, no viendo que tuviera deudas de ningún tipo, es decir, es más que evidente que vivía de forma humilde, se nota que vivía con poco, pero da la impresión de que vivía hasta donde le alcanzaba y que parecía estar bien así. En fin, a lo que voy es que, si por mí fuera, descartaría el móvil pasional, la venganza o el dinero.-
- Eso nos deja sólo tres opciones: fue por poder, al azar o como medio para otro fin - Dijo Nicolás mirándome fijamente. - De todas formas, primo, creo que estás pasando por alto algo muy importante: esto fue un trabajo muy limpio, sin marcas, sin huellas, sin pistas, sin móvil aparente. Sospecho que es esa la razón por la que nos contrataron para este trabajo. Me refiero a que esto fue hecho por un profesional, Agus, alguien como nosotros, un asesino.-
A penas terminó de hablar, se arrodilló y recogió algo del suelo, se giró para mirarme y me extendió su enguantada mano como invitándome a mirar lo que había en ella. A penas pude notar un tímido brillo que se destacaba en la oscuridad de su guante y al tomarlo entre mis dedos logré identificar de qué se trataba, era un pequeño trozo de vidrio. Miré a mi primo desconcertado y lo vi deslizando su otro brazo por debajo del sillón, un segundo después ya había encontrado lo que buscaba, debajo del sillón encontró un reloj que parecía haberse roto tras una caída o por un fuerte golpe. Sus 3 agujas señalaban el número 12.
Me han llamado de muchas formas, al igual que el diablo he tenido muchos nombres, y lo que siempre me sorprendió es que nunca me llamaron "homicida". No somos muchos los que conocemos la diferencia entre "homicida" y "asesino", pero los que negociamos con la muerte tenemos aprendido de memoria que el primero es quien le quita la vida a una persona por motivos personales, adrede o no; mientras que el segundo lo hace por encargo y a cambio de un precio. Yo debo admitir que fui ambos. ¿Fui?
- El silencio no siempre es bueno, Agus, quiero que me digas qué ves aquí.- Dijo mi primo abriendo sus brazos como si quisiera abarcar toda la habitación.
Estábamos frente a la escena que describía el primer expediente. La víctima era un sujeto de unos 28 años, como de 1,68, 71 kilogramos, cabello rubio, tes demasiado pálida y un nombre que, tras agotar todo tipo de conexiones para descartar móvil y relación con las demás víctimas, decidí olvidar. Se dedicaba exclusivamente a reparar computadoras y a su cuerpo, casi no tenía amigos y difícil sería hablar de una relación sentimental en sus últimos años. La policía había hecho un gran trabajo con todos los casos, y este no era la excepción, habían investigado a fondo hasta descartar todos los móviles tradicionales, interrogaron a cuanta persona formara parte de su entorno y se cuidaron de no contaminar la escena más de lo debido. A más de 2 meses del hecho, de que este primer expediente surgiera, aún seguía prácticamente todo en su lugar. La escena se podía apreciar perfectamente. No se veían indicios de lucha, la puerta no estaba forzada y estaba casi todo perfectamente acomodado, lo que indica que la víctima conocía a su victimario. A juzgar por la ausencia de fotografías y la cama de una plaza, supongo que el sujeto vivía solo. Había sobre una mesita en el living un vaso usado y considerando los cubiertos aún sin lavar, había estado sólo en esa casa el día de su deceso. Estaba claro que conocía a su agresor y que todo sucedió momentos después de dejarle entrar, puesto a que ni siquiera lo invitó con una taza de café. La vivienda era pequeña, constaba de una pequeña cocina en la que había una lavadora, un living en el que sólo cabía un sofá y un viejo televisor, y una habitación sencilla de dimensiones reducidas y sin ventanas. Todo se veía muy humilde, pero limpio y ordenado, no parecía que faltara nada de valor, de hecho, me cuesta imaginar que alguna vez haya habido algo de valor en ese lugar.
- Primo, esto parece muy claro. El sujeto vivía solo, no tiene familia, conocía a la víctima puesto a que no hay daños en la puerta, las ventanas son pequeñas y no se evidencian signos de que haya habido una pelea. La víctima era joven, de complexión atlética y, como lo demuestra ese pequeño trofeo en esa enclenque estantería, alguna vez practicó artes marciales. Creo que habría podido defenderse si hubiera tenido oportunidad - Contesté de forma automática y con la mirada perdida. - Descartando el robo y no habiendo signos de que estuviera en alguna relación; considerando que no lo encontraron desnudo y que siempre mantuvo una buena relación con sus compañeros de trabajo; salta a la vista que no era alguien religioso y la policía constató que no forma parte de ninguna secta o culto... y, claro, no viendo que tuviera deudas de ningún tipo, es decir, es más que evidente que vivía de forma humilde, se nota que vivía con poco, pero da la impresión de que vivía hasta donde le alcanzaba y que parecía estar bien así. En fin, a lo que voy es que, si por mí fuera, descartaría el móvil pasional, la venganza o el dinero.-
- Eso nos deja sólo tres opciones: fue por poder, al azar o como medio para otro fin - Dijo Nicolás mirándome fijamente. - De todas formas, primo, creo que estás pasando por alto algo muy importante: esto fue un trabajo muy limpio, sin marcas, sin huellas, sin pistas, sin móvil aparente. Sospecho que es esa la razón por la que nos contrataron para este trabajo. Me refiero a que esto fue hecho por un profesional, Agus, alguien como nosotros, un asesino.-
A penas terminó de hablar, se arrodilló y recogió algo del suelo, se giró para mirarme y me extendió su enguantada mano como invitándome a mirar lo que había en ella. A penas pude notar un tímido brillo que se destacaba en la oscuridad de su guante y al tomarlo entre mis dedos logré identificar de qué se trataba, era un pequeño trozo de vidrio. Miré a mi primo desconcertado y lo vi deslizando su otro brazo por debajo del sillón, un segundo después ya había encontrado lo que buscaba, debajo del sillón encontró un reloj que parecía haberse roto tras una caída o por un fuerte golpe. Sus 3 agujas señalaban el número 12.
Contra-tiempo pte.9 / Dudas
- ¿Qué es esto, primo? ¿qué significa todo esto?... ese reloj, esa hora, el caso, la policía, los políticos, el profesional que hizo esto.... no entiendo, simplemente no entiendo.... más pienso en este caso y más dudas tengo... ¿QUÉ DEMONIOS ESTÁ PASANDO?.-
- Agus, te noto nervioso y los dos sabemos que ese es un lujo que en nuestro trabajo no nos podemos dar. Tranquilo, analicemos las cosas, esto es lo que sabemos hasta ahora: La policía no tiene nada y sospecha que esto es obra de profesionales. Sabemos que están en lo cierto y que nos contrataron por esa misma razón. Sabemos que se trata de la primer víctima y que es probable que las próximas confirmen nuestras sospechas. Sabemos que el verdugo de la primer víctima no coincide con el de las 2 últimas. Sabemos que quien haya ejecutado este trabajo lo hizo en el más meticuloso secreto, puesto a que Arcángel no me informó de nada y nuestros colegas desconocen las razones de nuestra presencia aquí. También sabemos que si se trata de un par de profesionales, y estoy seguro de que así es, entonces su captura no es opción. Además, por lo que se desprende de los expedientes, cuesta distinguir si el victimario de la quinta víctima es zurdo o diestro, lo que demuestra que ese caso particular es distinto a los demás y que si descubrimos en qué difiere del resto, entonces habremos atado un cabo clave que quizás nos ayude a atar los demás. En definitiva, primo, por lo que sabemos, esto no va a ser sencillo y dudo mucho que sea limpio.- Nicolás se veía más serio que de costumbre, casi preocupado, y a la vez se notaba claramente su intento para transmitirme calma.
Tomé aire, inflé mis pulmones y fingí relajarme más de lo que en realidad logré.
- Estamos en esto juntos, Nic, y juntos vamos a salir, no me cabe ninguna duda.- Dije esto sin convicción, aún tengo mis dudas y no se me ocurrió nada mejor que decir, hice mi mejor intento por mostrar calma.
No es frecuente enfrentarte a un posible enemigo, menos aún cuando se trata de un desconocido, de alguien de quien no sabemos nada, de hecho, hasta ahora simplemente teníamos objetivos o blancos de los que conocíamos ciertos detalles que nos eran subministrados al momento de contratarnos, nunca tuvimos un enemigo o un blanco anónimo, nuestros trabajos, hasta hoy, sólo consistían en negociar los términos, buscar al o a los sujetos, cumplir y cobrar por ello, como mucho lidiábamos con la tarea de evitar a la policía local y sus torpes intentos por darnos captura. Pero esta situación era definitivamente distinta.
La habitación del hotel parecía más grande y Nicolás me miraba como si sintiera pena, como si lamentara haberme involucrado en esto, como si quisiera volver el tiempo 7 años atrás, darme una palmada y dejarme ahogado en mis miserias. Sin venganza, sin trabajos peligrosos, sin venderle mi alma al diablo, sin revelarme un talento que hasta ese entonces no sabía que tenía.
- Basta de revelar dudas, Agus, la duda es sólo una carga que tendremos que soltar si queremos avanzar. Primo, toma tus cosas y prepárate, hoy mismo nos movemos.-
- ¿Qué? Pero... no entiendo, ¿por qué?.- Nicolás no dejaba de moverse por toda la habitación juntando cosas y arrojando las mías sobre mi cama.
- Porque no sabemos cuánto saben nuestros "colegas", Arcángel mencionó que hay muchos que están inquietos con nuestra llegada a esta ciudad y que ya comienzan a escucharse rumores. Eso es lo que yo quería que sucediera, lo que en su momento podía mostrarme si se trataba de un encargo, pero esto es un giro distinto y el rumor que desaté al llegar se volvió en nuestra contra. No estamos ante dos mercenarios comunes, se trata de profesionales que hicieron esto por cuenta propia, ellos rompieron la primera regla como lo hicimos nosotros hace 7 años, no entendieron la regla que reza "no existen objetivos personales". En todo caso, quizás sospechen que estamos tras ellos y puede que estén buscándonos ahora mismo, si no nos movemos somos blanco fácil.- Dicho esto, me lanzó mi campera de cuero instándome a moverme.
No sé cómo llegó mi primo a esa conclusión, pero si estaba en lo cierto, entonces no sólo teníamos un futuro enemigo o dos, sino que teníamos un par de posibles cazadores, que posiblemente nos estén buscando porque nos quieren muertos. Por regla, ningún mercenario es atrapado vivo, es una suerte de código que respetamos en este trabajo. En conclusión, nuestras cabezas no tienen precio, no somos objetivos de nadie, y si la situación se presentaba, lejos de ser blancos, seríamos presas.
El miedo, los nervios, el reloj que retumbaba en mi cerebro como un pesado martillo, el constante tic-tac me estaba matando, la habitación se hacía cada vez más grande, Nicolás y yo que la recorríamos de un extremo a otro, el escarbadientes entre los dedos de mi primo girando, de nuevo mi reloj, las 15.57 horas, mis dudas.... sí, mis dudas también eran parte del paisaje. Si mi primo está en lo cierto y las dudas son una carga, entonces yo arrastraba una montaña detrás de mi espalda. La duda es algo normal en todos, desde pequeños la llevamos en nuestros bolsillos y le llamamos curiosidad o aprendizaje, de grandes le decimos miedo o inexperiencia. La duda convive con nosotros a diario, está en nuestros mejores y nuestros peores momentos. Está en los celos para con nuestra pareja, está en cada examen que tomamos, en cada universitario para con su carrera, en ambos novios el día de su boda, en los padres respecto de su idoneidad para tan ardua tarea, y hasta en los hijos para con la aprobación y el orgullo que tanto buscan en sus padres. La duda se nos presenta cuando no sabemos cómo actuar o en qué creer, cuando no distinguimos si estamos en lo correcto, cuando nos faltan certezas. Pero sucede que las certezas siempre son escasas, son muy pocas las cosas que tenemos por seguro. En mi caso sólo puedo estar seguro de que pienso, de que, en consecuencia, existo (como decía Descartes), y de que tarde o temprano he de morir. Se cree que en el mundo hay, en promedio, unos 25 disparos por segundo, tal vez más, siendo que hay 6.894.594.844 de personas en el mundo, no es difícil pensar que en 8, 9 o 10 años, acabaremos por matarnos entre nosotros. Por lo pronto, yo sólo sé que voy a morir, que creo que todos tenemos una bala con nuestro nombre (sólo que aún no se ha disparado o no nos ha alcanzado) y que cada vez que se dispara un arma nos acercamos más a la posibilidad de encontrarnos con esa bala. La muerte es una certeza, quizás la que menos nos gusta, pero es una certeza al fin, una verdad que esconde algunas dudas tras ella, pues si bien sé que voy a morir, aún no desconozco la forma, el lugar, el momento...... la hora.
- Agus, te noto nervioso y los dos sabemos que ese es un lujo que en nuestro trabajo no nos podemos dar. Tranquilo, analicemos las cosas, esto es lo que sabemos hasta ahora: La policía no tiene nada y sospecha que esto es obra de profesionales. Sabemos que están en lo cierto y que nos contrataron por esa misma razón. Sabemos que se trata de la primer víctima y que es probable que las próximas confirmen nuestras sospechas. Sabemos que el verdugo de la primer víctima no coincide con el de las 2 últimas. Sabemos que quien haya ejecutado este trabajo lo hizo en el más meticuloso secreto, puesto a que Arcángel no me informó de nada y nuestros colegas desconocen las razones de nuestra presencia aquí. También sabemos que si se trata de un par de profesionales, y estoy seguro de que así es, entonces su captura no es opción. Además, por lo que se desprende de los expedientes, cuesta distinguir si el victimario de la quinta víctima es zurdo o diestro, lo que demuestra que ese caso particular es distinto a los demás y que si descubrimos en qué difiere del resto, entonces habremos atado un cabo clave que quizás nos ayude a atar los demás. En definitiva, primo, por lo que sabemos, esto no va a ser sencillo y dudo mucho que sea limpio.- Nicolás se veía más serio que de costumbre, casi preocupado, y a la vez se notaba claramente su intento para transmitirme calma.
Tomé aire, inflé mis pulmones y fingí relajarme más de lo que en realidad logré.
- Estamos en esto juntos, Nic, y juntos vamos a salir, no me cabe ninguna duda.- Dije esto sin convicción, aún tengo mis dudas y no se me ocurrió nada mejor que decir, hice mi mejor intento por mostrar calma.
No es frecuente enfrentarte a un posible enemigo, menos aún cuando se trata de un desconocido, de alguien de quien no sabemos nada, de hecho, hasta ahora simplemente teníamos objetivos o blancos de los que conocíamos ciertos detalles que nos eran subministrados al momento de contratarnos, nunca tuvimos un enemigo o un blanco anónimo, nuestros trabajos, hasta hoy, sólo consistían en negociar los términos, buscar al o a los sujetos, cumplir y cobrar por ello, como mucho lidiábamos con la tarea de evitar a la policía local y sus torpes intentos por darnos captura. Pero esta situación era definitivamente distinta.
La habitación del hotel parecía más grande y Nicolás me miraba como si sintiera pena, como si lamentara haberme involucrado en esto, como si quisiera volver el tiempo 7 años atrás, darme una palmada y dejarme ahogado en mis miserias. Sin venganza, sin trabajos peligrosos, sin venderle mi alma al diablo, sin revelarme un talento que hasta ese entonces no sabía que tenía.
- Basta de revelar dudas, Agus, la duda es sólo una carga que tendremos que soltar si queremos avanzar. Primo, toma tus cosas y prepárate, hoy mismo nos movemos.-
- ¿Qué? Pero... no entiendo, ¿por qué?.- Nicolás no dejaba de moverse por toda la habitación juntando cosas y arrojando las mías sobre mi cama.
- Porque no sabemos cuánto saben nuestros "colegas", Arcángel mencionó que hay muchos que están inquietos con nuestra llegada a esta ciudad y que ya comienzan a escucharse rumores. Eso es lo que yo quería que sucediera, lo que en su momento podía mostrarme si se trataba de un encargo, pero esto es un giro distinto y el rumor que desaté al llegar se volvió en nuestra contra. No estamos ante dos mercenarios comunes, se trata de profesionales que hicieron esto por cuenta propia, ellos rompieron la primera regla como lo hicimos nosotros hace 7 años, no entendieron la regla que reza "no existen objetivos personales". En todo caso, quizás sospechen que estamos tras ellos y puede que estén buscándonos ahora mismo, si no nos movemos somos blanco fácil.- Dicho esto, me lanzó mi campera de cuero instándome a moverme.
No sé cómo llegó mi primo a esa conclusión, pero si estaba en lo cierto, entonces no sólo teníamos un futuro enemigo o dos, sino que teníamos un par de posibles cazadores, que posiblemente nos estén buscando porque nos quieren muertos. Por regla, ningún mercenario es atrapado vivo, es una suerte de código que respetamos en este trabajo. En conclusión, nuestras cabezas no tienen precio, no somos objetivos de nadie, y si la situación se presentaba, lejos de ser blancos, seríamos presas.
El miedo, los nervios, el reloj que retumbaba en mi cerebro como un pesado martillo, el constante tic-tac me estaba matando, la habitación se hacía cada vez más grande, Nicolás y yo que la recorríamos de un extremo a otro, el escarbadientes entre los dedos de mi primo girando, de nuevo mi reloj, las 15.57 horas, mis dudas.... sí, mis dudas también eran parte del paisaje. Si mi primo está en lo cierto y las dudas son una carga, entonces yo arrastraba una montaña detrás de mi espalda. La duda es algo normal en todos, desde pequeños la llevamos en nuestros bolsillos y le llamamos curiosidad o aprendizaje, de grandes le decimos miedo o inexperiencia. La duda convive con nosotros a diario, está en nuestros mejores y nuestros peores momentos. Está en los celos para con nuestra pareja, está en cada examen que tomamos, en cada universitario para con su carrera, en ambos novios el día de su boda, en los padres respecto de su idoneidad para tan ardua tarea, y hasta en los hijos para con la aprobación y el orgullo que tanto buscan en sus padres. La duda se nos presenta cuando no sabemos cómo actuar o en qué creer, cuando no distinguimos si estamos en lo correcto, cuando nos faltan certezas. Pero sucede que las certezas siempre son escasas, son muy pocas las cosas que tenemos por seguro. En mi caso sólo puedo estar seguro de que pienso, de que, en consecuencia, existo (como decía Descartes), y de que tarde o temprano he de morir. Se cree que en el mundo hay, en promedio, unos 25 disparos por segundo, tal vez más, siendo que hay 6.894.594.844 de personas en el mundo, no es difícil pensar que en 8, 9 o 10 años, acabaremos por matarnos entre nosotros. Por lo pronto, yo sólo sé que voy a morir, que creo que todos tenemos una bala con nuestro nombre (sólo que aún no se ha disparado o no nos ha alcanzado) y que cada vez que se dispara un arma nos acercamos más a la posibilidad de encontrarnos con esa bala. La muerte es una certeza, quizás la que menos nos gusta, pero es una certeza al fin, una verdad que esconde algunas dudas tras ella, pues si bien sé que voy a morir, aún no desconozco la forma, el lugar, el momento...... la hora.
Contra-tiempo pte.10 / Fugitivos
Escapar, alejarse, apartarse, huir... de un peligro, de algo, de alguien... evitar un peligro o un daño... ser fugitivos...... Todos huimos, todos escapamos, todos corremos, nos alejamos, nos apartamos, evitamos el peligro.... Todos.
Pero ¿qué es lo que nos convierte fugitivos?. No todos consideramos los mismos peligros, el mismo daño, no todos tenemos los mismos miedos, y sin embargo todos huimos. Hay quienes son fugitivos por los demás, escapan de un daño, de un peligro, de algo o alguien, ajenos a ellos mismos.... y yo los envidio, porque, en comparación, ellos tienen más chances de lograr su objetivo..... yo huyo de alguien, concretamente, huyo de mí. Es muy difícil alejarme, apartarme, escapar de mí... me es muy difícil entender que soy mi propio peligro, mi daño potencial, mi feroz atacante, mi bandido entre las sombras, mi propio enemigo.... y, no obstante eso, sé bien que lo soy, porque después de todo, ¿quién puede hacerme más daño que yo mismo?... Puedo afirmar que soy mi propio fugitivo, mi más inminente peligro y mi ineludible captor.
Me pregunto ¿qué es lo que quieren los fugitivos?, ¿qué buscan?, ¿qué objeto tiene vivir fugándose constantemente?.... No tengo una respuesta concreta a eso, quizás tienen sueños de libertad (liberarse de un algo, de un alguien, de un peligro, de un daño, de un temor), quizás no sabemos lo que es la libertad.... quizás aún confundimos libertad con libertinaje y estamos a la busca de un espacio infinito y oscuro en donde poder ser lo que deseemos, lo que se nos ocurra, cualquier cosa que quisiéramos...... Creo que podemos pensar en esa libertad si cerramos los ojos y nos proponemos imaginar la nada, pero la nada absoluta: no imaginemos luz, no imaginemos piso, no imaginemos techo o paredes... simplemente imaginemos nada... y a esa nada absoluta le agregamos un algo, un sujeto, un yo.... esa es la libertad que buscan los fugitivos, un lugar donde ese yo puede tan grande o tan pequeño como quiera, puede ser lo que quiera, como quiera o quien quiera.... y aún así, a su mente se le escapa la noción de que esa oscura libertad tampoco es tan absoluta como creen.... porque ese yo la limita, porque no hay libertad si no está ese yo para ser libre y ese yo depende de los conocimientos y de la imaginación de quien lo crea, además ese yo no puede ser una isla, porque así como no hay libertad sin que haya alguien que la posea, tampoco hay libertad sin que haya quien la reconozca... La libertad no es libertad si no hay límites, pero más aún, la liberta no es libertad si no es real, si no abrimos los ojos y nos hacemos yo... En definitiva, la libertad, la meta y el trofeo de los fugitivos, necesita de límites, necesita de esas razones que tenemos para huir, necesitamos tener de qué alejarnos, de qué apartarnos, de qué escapar para poder conocer, buscar y tener libertad..... nuestra libertad.
Nicolás hizo un llamado telefónico de unos 28 segundos en los que yo terminaba de cerrar mis bolsos y acomodar mis cosas. En los siguientes 7 minutos estábamos en el estacionamiento del hotel preparando el auto de Nicolás, cargando los bolsos y poniéndonos en marcha hacia la salida. Mi primo no colocó ninguna de nuestras pertenencias en el baúl del vehículo, lo que me indicó que realmente tenía prisa. Ya podía ver la luz del sol que brillaba al final de la rampa, tras la salida del estacionamiento, y, de pronto, sombra... un camión obstruyó la entraba y se aproximaba a nosotros dando marcha atrás. En un arrebato de sorpresa y temor, miré a mi primo en busca de una respuesta. No la obtuve. Él simplemente detuvo el auto, sin apagar el motor, y esperó.
Lo siguiente fue silencio. El tiempo parecía haberse detenido, al menos para mí, supongo que no habrán pasado más de 30 o 35 segundos hasta que los portones traseros del camión se comenzaron a abrir, sólo atiné a desenfundar mi arma cuando mi primo me detuvo, me miró y, sin mediar palabra, me pidió calma. Él siempre tuvo la capacidad para darse a entender con la mirada, su rostro decía mucho más que su voz. Se veía calmo, como si todo estuviera calculado.
Del camión surgieron 2 sujetos que arrastraban una rampa hasta que ésta toco el suelo, luego se abrieron a cada lado, sosteniendo los portones y, justo en ese instante, Nicolás avanzó. Lo que ocurrió fue que mi primo planeó salir del hotel sin ser vistos y buscó un punto ciego de las cámaras donde subir el auto a un camión, para así huir sin que vean su auto. Una vez más, se me adelantó.
El camión se detuvo 126 minutos más tarde y bajamos el auto en lo que parecía un apartado y abandonado galpón. No pude percibir ni un sólo sonido del exterior, estábamos solos, salvo por los que conducían el inmenso rodado, quienes no hicieron más que volver a subir al mismo y perderse de nuestra vista.
- Muy bien, primo, dame una mano con esto que entre 2 es más fácil.- Me dijo con una sonrisa.
Lo único que había en el galpón era una mesa, sólo una mesa con algunas herramientas y dos chapas. Mi primo tomó lo que parecían ser un par de espátulas plásticas, me ofreció una y con la otra me mostró lo que debía hacer, levantó la blanca pintura de su auto y empezó a tirar de ella como si le arrancara la piel. Resultó ser un plotter, su viejo auto blanco era realmente azul. Él se encargó de la tapa del baúl, del lateral izquierdo y del techo. Yo hice lo propio con el resto. En breves minutos convertimos un hermoso Torino 380w color blanco, en un Torino azul. Nicolás siempre tuvo debilidad por los autos antiguos, por lo que este Renault Torino modelo '69 se encontraba en perfecto estado, cualquiera hubiera dicho que recién salía de fábrica, sólo había adaptado algunos detalles y le había modificado el motor para darle más potencia, pero por lo demás, estaba como en 1969.
Habiendo quitado todo el plotter, Nicolás se aproximó a la mesa y me arrojó una chapa-patente y un destornillador.
- Ya falta poco. Sólo este detalle y terminamos.- Dijo.
Evidentemente él sabía lo que estábamos haciendo. Evidentemente la experiencia y la práctica lo convertían... no, mejor aún, nos convertían... en excelentes fugitivos. Fugitivos casi expertos, diría. Y es que aún desconocíamos, al menos con detalle, de quién huíamos. Sin duda eramos la perfecta definición de fugitivos, para Nicolás se trataba sólo de evitar un peligro... para mí, no hacemos más que agitar la mosca para tentar al pez, sólo que todavía no estoy seguro de si somos pescadores o carnada.
Pero ¿qué es lo que nos convierte fugitivos?. No todos consideramos los mismos peligros, el mismo daño, no todos tenemos los mismos miedos, y sin embargo todos huimos. Hay quienes son fugitivos por los demás, escapan de un daño, de un peligro, de algo o alguien, ajenos a ellos mismos.... y yo los envidio, porque, en comparación, ellos tienen más chances de lograr su objetivo..... yo huyo de alguien, concretamente, huyo de mí. Es muy difícil alejarme, apartarme, escapar de mí... me es muy difícil entender que soy mi propio peligro, mi daño potencial, mi feroz atacante, mi bandido entre las sombras, mi propio enemigo.... y, no obstante eso, sé bien que lo soy, porque después de todo, ¿quién puede hacerme más daño que yo mismo?... Puedo afirmar que soy mi propio fugitivo, mi más inminente peligro y mi ineludible captor.
Me pregunto ¿qué es lo que quieren los fugitivos?, ¿qué buscan?, ¿qué objeto tiene vivir fugándose constantemente?.... No tengo una respuesta concreta a eso, quizás tienen sueños de libertad (liberarse de un algo, de un alguien, de un peligro, de un daño, de un temor), quizás no sabemos lo que es la libertad.... quizás aún confundimos libertad con libertinaje y estamos a la busca de un espacio infinito y oscuro en donde poder ser lo que deseemos, lo que se nos ocurra, cualquier cosa que quisiéramos...... Creo que podemos pensar en esa libertad si cerramos los ojos y nos proponemos imaginar la nada, pero la nada absoluta: no imaginemos luz, no imaginemos piso, no imaginemos techo o paredes... simplemente imaginemos nada... y a esa nada absoluta le agregamos un algo, un sujeto, un yo.... esa es la libertad que buscan los fugitivos, un lugar donde ese yo puede tan grande o tan pequeño como quiera, puede ser lo que quiera, como quiera o quien quiera.... y aún así, a su mente se le escapa la noción de que esa oscura libertad tampoco es tan absoluta como creen.... porque ese yo la limita, porque no hay libertad si no está ese yo para ser libre y ese yo depende de los conocimientos y de la imaginación de quien lo crea, además ese yo no puede ser una isla, porque así como no hay libertad sin que haya alguien que la posea, tampoco hay libertad sin que haya quien la reconozca... La libertad no es libertad si no hay límites, pero más aún, la liberta no es libertad si no es real, si no abrimos los ojos y nos hacemos yo... En definitiva, la libertad, la meta y el trofeo de los fugitivos, necesita de límites, necesita de esas razones que tenemos para huir, necesitamos tener de qué alejarnos, de qué apartarnos, de qué escapar para poder conocer, buscar y tener libertad..... nuestra libertad.
Nicolás hizo un llamado telefónico de unos 28 segundos en los que yo terminaba de cerrar mis bolsos y acomodar mis cosas. En los siguientes 7 minutos estábamos en el estacionamiento del hotel preparando el auto de Nicolás, cargando los bolsos y poniéndonos en marcha hacia la salida. Mi primo no colocó ninguna de nuestras pertenencias en el baúl del vehículo, lo que me indicó que realmente tenía prisa. Ya podía ver la luz del sol que brillaba al final de la rampa, tras la salida del estacionamiento, y, de pronto, sombra... un camión obstruyó la entraba y se aproximaba a nosotros dando marcha atrás. En un arrebato de sorpresa y temor, miré a mi primo en busca de una respuesta. No la obtuve. Él simplemente detuvo el auto, sin apagar el motor, y esperó.
Lo siguiente fue silencio. El tiempo parecía haberse detenido, al menos para mí, supongo que no habrán pasado más de 30 o 35 segundos hasta que los portones traseros del camión se comenzaron a abrir, sólo atiné a desenfundar mi arma cuando mi primo me detuvo, me miró y, sin mediar palabra, me pidió calma. Él siempre tuvo la capacidad para darse a entender con la mirada, su rostro decía mucho más que su voz. Se veía calmo, como si todo estuviera calculado.
Del camión surgieron 2 sujetos que arrastraban una rampa hasta que ésta toco el suelo, luego se abrieron a cada lado, sosteniendo los portones y, justo en ese instante, Nicolás avanzó. Lo que ocurrió fue que mi primo planeó salir del hotel sin ser vistos y buscó un punto ciego de las cámaras donde subir el auto a un camión, para así huir sin que vean su auto. Una vez más, se me adelantó.
El camión se detuvo 126 minutos más tarde y bajamos el auto en lo que parecía un apartado y abandonado galpón. No pude percibir ni un sólo sonido del exterior, estábamos solos, salvo por los que conducían el inmenso rodado, quienes no hicieron más que volver a subir al mismo y perderse de nuestra vista.
- Muy bien, primo, dame una mano con esto que entre 2 es más fácil.- Me dijo con una sonrisa.
Lo único que había en el galpón era una mesa, sólo una mesa con algunas herramientas y dos chapas. Mi primo tomó lo que parecían ser un par de espátulas plásticas, me ofreció una y con la otra me mostró lo que debía hacer, levantó la blanca pintura de su auto y empezó a tirar de ella como si le arrancara la piel. Resultó ser un plotter, su viejo auto blanco era realmente azul. Él se encargó de la tapa del baúl, del lateral izquierdo y del techo. Yo hice lo propio con el resto. En breves minutos convertimos un hermoso Torino 380w color blanco, en un Torino azul. Nicolás siempre tuvo debilidad por los autos antiguos, por lo que este Renault Torino modelo '69 se encontraba en perfecto estado, cualquiera hubiera dicho que recién salía de fábrica, sólo había adaptado algunos detalles y le había modificado el motor para darle más potencia, pero por lo demás, estaba como en 1969.
Habiendo quitado todo el plotter, Nicolás se aproximó a la mesa y me arrojó una chapa-patente y un destornillador.
- Ya falta poco. Sólo este detalle y terminamos.- Dijo.
Evidentemente él sabía lo que estábamos haciendo. Evidentemente la experiencia y la práctica lo convertían... no, mejor aún, nos convertían... en excelentes fugitivos. Fugitivos casi expertos, diría. Y es que aún desconocíamos, al menos con detalle, de quién huíamos. Sin duda eramos la perfecta definición de fugitivos, para Nicolás se trataba sólo de evitar un peligro... para mí, no hacemos más que agitar la mosca para tentar al pez, sólo que todavía no estoy seguro de si somos pescadores o carnada.
Contra-tiempo pte.11 / Cambios
No somos nosotros los que decidimos ser quienes somos, son
las decisiones que tomamos y las circunstancias en las que las tomamos que nos
hacen ser nosotros, pero siempre podemos cambiar. Todo lo que necesitamos es
hacer pesar nuestras decisiones más que las circunstancias que nos rodean, pero
no es fácil, las circunstancias normalmente tienden a tomar decisiones por
nosotros y ponernos en posiciones donde casi no nos queda opción alguna, así
que dejamos que fluya, que todo lo que nos rodea nos lleve, hasta que abrimos
los ojos y nos damos cuenta de que estamos parados donde, si hubiéramos podido
elegir, no estaríamos. Cambiar, cuando se trata de transformar la naturaleza de
una persona, es dar un vuelco, empezar una revolución en las costumbres de una
persona para encarrilarla hacia un destino distinto. Pero hay destinos que no
tienen vuelta atrás, hay destinos que te cierran las puertas que alguna vez se
abrieron para darte una oportunidad, LA oportunidad, esa oportunidad que te
permitiría elegir tu camino, que te permitiría elegir dónde estar, que te
permitiría cambiar.
Dicen que el tren de las grandes oportunidades no pasa dos veces por la misma estación, pero que si pasa dos veces, seguramente pasará una tercera. Ojala.
Nicolás condujo por unos 20 minutos a gran velocidad, como para no perder la costumbre. Él siempre conduce muy rápido, según dice, es cosa de familia. Le creo. Durante todo el trayecto no cruzamos palabra alguna y dudo mucho que hiciera falta, una vez más, su rostro me lo decía todo. Sabía que nos estábamos involucrando en algo peligroso, pero lejos de verse preocupado se veía divertido, entretenido, como si estuviera esperando para subir a la mejor montaña rusa del mundo. Ya he visto esa expresión antes y nada bueno puede salir cuando hay tanto entusiasmo en competir, menos aún cuando se trata de poner en juego nuestra propia vida.
Mi primo se detuvo en una hermosa casa de fin de semana, rodeada de un terreno amplio y casi sin vecinos en varios kilómetros a la redonda. Me pidió que bajara del auto y que abriera la tranquera de la propiedad, avanzó unos metros tras cruzar la tranquera y me volví a subir. Condujo por un camino de piedras y tierra, custodiado por filas de jóvenes árboles a cada lado, hasta llegar a la puerta de la propiedad, la rodeó y haciendo click en un botón a la derecha del volante, se abrió un portón de apariencia rústica y el adoquinado portal se convertía una rampa de cemento que se perdía debajo de la casa. Las luces se encendieron, seguramente por sensores, y pude ver un importante garage estilo taller mecánico, había 5 vehículos cubiertos con fundas y 3 plazas vacías donde estacionar más autos, un lugar reservado para las herramientas y hasta una fosa. Claramente, a esto dedicó mi primo sus “vacaciones”.
Subimos cargados con los bolsos en un ascensor tipo montacargas, en el mismo estilo rústico que el resto de la casa. El ascensor se detuvo en una pequeña habitación sin muebles, sólo con 4 paredes y 2 puertas. Accedimos por la que teníamos frente a nosotros.
- Bienvenido, primo, a mi casa. La diseñé y la construí poco después de “ese” día. El amigo que nos prestó el galpón supervisó toda la obra mientras estuvimos en Turquía y se ocupó de que estuviera lista en muy poco tiempo. Necesitaba este lugar para mí, y me construí un pequeño galpón para colocar lo que quedó en la casa de mis padres. Luego, cuando volvimos de Italia y decidimos empezar nuestro “receso”, me ocupé de darme mis gustos y matar mi aburrimiento restaurando y preparando los autos que me gustan, por eso el improvisado taller que viste abajo.-
- ¿Así que todo esto es obra tuya?. Está muy bien. Es una casa grande y muy bien pensada, ¿planeabas tener muchas visitas o hacer algunas fiestas?.- Pregunté esbozando una leve sonrisa.
Mi primo siempre fue un sujeto carismático y que sabía divertirse, aunque no cesa de atribuirme esas mismas características y la de ser quién más éxito tiene con las mujeres. Sin embargo, fueron contadas las ocasiones que tuvimos de divertirnos cuando trabajamos en Europa, desde “ese” día, hace 7 años atrás, pocos motivos tuvimos para festejar. Los años y nuestro trabajo diluyeron muchas amistades, hicieron imposibles otras y nos enseñaron a estar solos. Las mujeres, los amores, por las mismas razones, pasaron con la velocidad de un rayo y el olvido nos duró lo mismo que un vaso de cerveza. En definitiva, mi pregunta era una broma, pues estaba conciente de que no podían ser esos los motivos que inspiraron una casa tan grande y con tantas habitaciones.
- Planeaba retirarme, Agus. Planeaba cambiar – Nicolás dibujó nostalgia, quizás tristeza, en su rostro. Caminó unos metros, se detuvo frente a una escalera no muy larga y, señalando hacia arriba, dijo:- Tu habitación es la primera puerta que ves ni bien terminas de subir las escaleras. A las 21 horas cenamos. Ponte cómodo, mañana comienza una semana bastante agitada.-
Quise decir algo. No pude. Mientras acomodaba mis cosas pensé en sus palabras “planeaba retirarme…. planeaba cambiar”.
Dicen que el tren de las grandes oportunidades no pasa dos veces por la misma estación, pero que si pasa dos veces, seguramente pasará una tercera. Ojala.
Nicolás condujo por unos 20 minutos a gran velocidad, como para no perder la costumbre. Él siempre conduce muy rápido, según dice, es cosa de familia. Le creo. Durante todo el trayecto no cruzamos palabra alguna y dudo mucho que hiciera falta, una vez más, su rostro me lo decía todo. Sabía que nos estábamos involucrando en algo peligroso, pero lejos de verse preocupado se veía divertido, entretenido, como si estuviera esperando para subir a la mejor montaña rusa del mundo. Ya he visto esa expresión antes y nada bueno puede salir cuando hay tanto entusiasmo en competir, menos aún cuando se trata de poner en juego nuestra propia vida.
Mi primo se detuvo en una hermosa casa de fin de semana, rodeada de un terreno amplio y casi sin vecinos en varios kilómetros a la redonda. Me pidió que bajara del auto y que abriera la tranquera de la propiedad, avanzó unos metros tras cruzar la tranquera y me volví a subir. Condujo por un camino de piedras y tierra, custodiado por filas de jóvenes árboles a cada lado, hasta llegar a la puerta de la propiedad, la rodeó y haciendo click en un botón a la derecha del volante, se abrió un portón de apariencia rústica y el adoquinado portal se convertía una rampa de cemento que se perdía debajo de la casa. Las luces se encendieron, seguramente por sensores, y pude ver un importante garage estilo taller mecánico, había 5 vehículos cubiertos con fundas y 3 plazas vacías donde estacionar más autos, un lugar reservado para las herramientas y hasta una fosa. Claramente, a esto dedicó mi primo sus “vacaciones”.
Subimos cargados con los bolsos en un ascensor tipo montacargas, en el mismo estilo rústico que el resto de la casa. El ascensor se detuvo en una pequeña habitación sin muebles, sólo con 4 paredes y 2 puertas. Accedimos por la que teníamos frente a nosotros.
- Bienvenido, primo, a mi casa. La diseñé y la construí poco después de “ese” día. El amigo que nos prestó el galpón supervisó toda la obra mientras estuvimos en Turquía y se ocupó de que estuviera lista en muy poco tiempo. Necesitaba este lugar para mí, y me construí un pequeño galpón para colocar lo que quedó en la casa de mis padres. Luego, cuando volvimos de Italia y decidimos empezar nuestro “receso”, me ocupé de darme mis gustos y matar mi aburrimiento restaurando y preparando los autos que me gustan, por eso el improvisado taller que viste abajo.-
- ¿Así que todo esto es obra tuya?. Está muy bien. Es una casa grande y muy bien pensada, ¿planeabas tener muchas visitas o hacer algunas fiestas?.- Pregunté esbozando una leve sonrisa.
Mi primo siempre fue un sujeto carismático y que sabía divertirse, aunque no cesa de atribuirme esas mismas características y la de ser quién más éxito tiene con las mujeres. Sin embargo, fueron contadas las ocasiones que tuvimos de divertirnos cuando trabajamos en Europa, desde “ese” día, hace 7 años atrás, pocos motivos tuvimos para festejar. Los años y nuestro trabajo diluyeron muchas amistades, hicieron imposibles otras y nos enseñaron a estar solos. Las mujeres, los amores, por las mismas razones, pasaron con la velocidad de un rayo y el olvido nos duró lo mismo que un vaso de cerveza. En definitiva, mi pregunta era una broma, pues estaba conciente de que no podían ser esos los motivos que inspiraron una casa tan grande y con tantas habitaciones.
- Planeaba retirarme, Agus. Planeaba cambiar – Nicolás dibujó nostalgia, quizás tristeza, en su rostro. Caminó unos metros, se detuvo frente a una escalera no muy larga y, señalando hacia arriba, dijo:- Tu habitación es la primera puerta que ves ni bien terminas de subir las escaleras. A las 21 horas cenamos. Ponte cómodo, mañana comienza una semana bastante agitada.-
Quise decir algo. No pude. Mientras acomodaba mis cosas pensé en sus palabras “planeaba retirarme…. planeaba cambiar”.
Contra-tiempo pte.12 / Memoria
Algo que siempre me resultó extraordinario, a pesar de que
no hay razón de rigor como para calificarlo así, es el hecho de recordar. Los
hombres, los animales, algunas células y hasta el mismo ADN, según dicen,
tienen la capacidad de volver al pasado, de sostener en sí mismos una huella de
lo que sucedió, de recordar. Es así que aprendemos, que hablamos, que obramos y
que entendemos cómo debemos obrar. Así se nos enseña. Desde los hechos más
simples hasta los más complejos. Desde saber que el fuego quema porque nos
hemos quemado y recordamos ese momento, hasta entender cómo debemos resolver
determinadas cuestiones porque recordamos las palabras de gruesos libros que
alguna vez debimos estudiar. Muchos tienen una memoria realmente admirable,
pueden aprender textos con la exactitud de una grabación. Otros necesitan
métodos para retener en su memoria algunas cosas, como números, direcciones,
canciones o recetas.
Pasé toda la mañana del día siguiente sumido en mis pensamientos y en silencio. Quise pedir disculpas, pero Nicolás detesta las disculpas y los agradecimientos injustificados, y en rigor, no tengo nada de qué disculparme. Él estuvo como si nada, cortando leña, cocinando, mostrándome su casa y sus autos, haciendo como si su vida fuera otra. Tuve la sensación de que mientras yo me limitaba a hablar en monosílabos, él fingía que no teníamos un trabajo que terminar o una conversación que comenzar.
Almorzamos temprano y a las 14:07 horas estábamos parados en un salón amplio, mismo que fuera testigo del segundo homicidio en la negra lista que nos fuera entregada. Una casa desordenada, bien diseñada, sucia, de estilo moderno y con las paredes cubiertas de extraños dibujos. La víctima era un arquitecto soltero, de unos 32 años, aficionado a la escultura y a la pintura. Pésimo en ambas cosas. La escena, en cuanto a lo relevante a nuestro trabajo, era una copia del primer homicidio. No había indicios de lucha, ni aberturas forzadas, ni pistas que indicaran la presencia de otra persona. Otra vez estábamos ante a una escena perfectamente limpia.
- Primo, creo que deberías ver esto. Quiero saber qué es lo que opinas, qué explicación le encuentras a esto.- Dijo Nicolás invitándome a que me acerque a una caótica mesa de trabajo que se ubicaba a su derecha.
A simple vista, la mesa presentaba un desorden similar al resto del lugar, nada extraordinario, con papeles desparramados, salpicados de café, aureolas de tazas y lápices mordidos con distintas longitudes, planos incompletos, dibujos a medias, algún post-it con fechas límites, en fin, nada importante se destacaba en un primer vistazo. Buscando nombres, direcciones, fechas y horas, encontré aquello que mi primo intentaba mostrarme: una simpática miniatura de un Mini-Cooper plateado que tenía un diminuto reloj por puerta izquierda se encontraba acomodado en lo más alto de la mesa de trabajo, con su vidrio partido, con sus agujas inmóviles, con ese dichoso número una vez más como protagonista, “12 en punto” parecía decir en agónico silencio.
- Veo otro reloj tan inútil como el anterior, Primo, sólo que éste está a la vista y el primero parecía oculto.- Nicolás asentía con la cabeza, mientras su mano derecha seguía haciendo girar su infaltable palillo.
- Nuestros amigos policías parecen menos observadores ahora.-
- Supongo que esto significa que encontramos una conexión entre los casos, aunque aún no seamos capaces de entender qué significa.- Creí que captaría la atención de mi primo con mi comentario, pero él simplemente me dio la espalda y observaba absorto por un inmenso ventanal mientras seguía jugando con su palillo.
- Agus, creo que es hora de irnos. Recorre el lugar con una mirada rápida y apura el paso que nos tenemos que largar de aquí.- Nicolás dijo esto con toda tranquilidad, pero no era normal en él apurar un proceso de observación, apresurar un análisis sin detenerse a discutir para sacar conclusiones.
No atiné siquiera a decir nada, seguí sus instrucciones. Él confiaba en mi memoria fotográfica tanto como en la suya, pero siempre dijo que “cuatro ojos ven mucho más que dos”. La buena memoria es algo importante cuando lo que sabes o lo que averiguas hacen la diferencia entre la vida y la muerte en tu trabajo.
Mi primo tomó el diminuto reloj, un deshojado cuaderno y algunos bocetos que estaban sobre la mesa de trabajo. Luego se giró hacia mí y me preguntó si estaba listo para irme.
14:39 horas estábamos arriba del brilloso Torino azul. Condujo durante unos 30 minutos en absoluto silencio. Nos alejábamos rápido de la ciudad. Nicolás respiró profundo, miró con atención su espejo retrovisor y me dijo:
- Hoy voy rápido, primo, como a unos 195 km/h. Creo que deberías anotar eso en ese raro diario tuyo, como para olvidarlo.- No entendí su comentario. No significaba absolutamente nada para mí. Él nunca comentaba la velocidad a la que viajábamos a menos que fuera algo extraordinario, y éste no era el caso.
Mi primo y yo tenemos memoria visual, ambos somos capaces de
recordar todo lo que nuestros ojos ven. Recordamos qué oíamos en esos momentos,
qué aromas y qué sabores percibíamos, e incluso recordamos qué sentíamos en el
momento en que nuestros ojos captaron esa imagen, es como si todos nuestros
sentidos estuvieran supeditados a la memoria que forma uno de ellos. Aristóteles
decía que él confiaba más en la vista que en ningún otro sentido a pesar de ser
el sentido más susceptible al engaño. Yo sólo sé que es mi manera del volver al
pasado, mi manera de recordar, mi forma de hacer memoria. Alguna vez leí que nuestro
cerebro es capaz de recordar lo que vemos hasta 10 segundos después de morir,
incluso si uno muere decapitado. Siempre creí que esto era cierto y odio pensar
en cuántos habrán tenido mi rostro como recuerdo de sus últimos segundos aquí,
y es así que, a veces, los miro y me disculpo por formar parte de su memoria.
Pasé toda la mañana del día siguiente sumido en mis pensamientos y en silencio. Quise pedir disculpas, pero Nicolás detesta las disculpas y los agradecimientos injustificados, y en rigor, no tengo nada de qué disculparme. Él estuvo como si nada, cortando leña, cocinando, mostrándome su casa y sus autos, haciendo como si su vida fuera otra. Tuve la sensación de que mientras yo me limitaba a hablar en monosílabos, él fingía que no teníamos un trabajo que terminar o una conversación que comenzar.
Almorzamos temprano y a las 14:07 horas estábamos parados en un salón amplio, mismo que fuera testigo del segundo homicidio en la negra lista que nos fuera entregada. Una casa desordenada, bien diseñada, sucia, de estilo moderno y con las paredes cubiertas de extraños dibujos. La víctima era un arquitecto soltero, de unos 32 años, aficionado a la escultura y a la pintura. Pésimo en ambas cosas. La escena, en cuanto a lo relevante a nuestro trabajo, era una copia del primer homicidio. No había indicios de lucha, ni aberturas forzadas, ni pistas que indicaran la presencia de otra persona. Otra vez estábamos ante a una escena perfectamente limpia.
- Primo, creo que deberías ver esto. Quiero saber qué es lo que opinas, qué explicación le encuentras a esto.- Dijo Nicolás invitándome a que me acerque a una caótica mesa de trabajo que se ubicaba a su derecha.
A simple vista, la mesa presentaba un desorden similar al resto del lugar, nada extraordinario, con papeles desparramados, salpicados de café, aureolas de tazas y lápices mordidos con distintas longitudes, planos incompletos, dibujos a medias, algún post-it con fechas límites, en fin, nada importante se destacaba en un primer vistazo. Buscando nombres, direcciones, fechas y horas, encontré aquello que mi primo intentaba mostrarme: una simpática miniatura de un Mini-Cooper plateado que tenía un diminuto reloj por puerta izquierda se encontraba acomodado en lo más alto de la mesa de trabajo, con su vidrio partido, con sus agujas inmóviles, con ese dichoso número una vez más como protagonista, “12 en punto” parecía decir en agónico silencio.
- Veo otro reloj tan inútil como el anterior, Primo, sólo que éste está a la vista y el primero parecía oculto.- Nicolás asentía con la cabeza, mientras su mano derecha seguía haciendo girar su infaltable palillo.
- Nuestros amigos policías parecen menos observadores ahora.-
- Supongo que esto significa que encontramos una conexión entre los casos, aunque aún no seamos capaces de entender qué significa.- Creí que captaría la atención de mi primo con mi comentario, pero él simplemente me dio la espalda y observaba absorto por un inmenso ventanal mientras seguía jugando con su palillo.
- Agus, creo que es hora de irnos. Recorre el lugar con una mirada rápida y apura el paso que nos tenemos que largar de aquí.- Nicolás dijo esto con toda tranquilidad, pero no era normal en él apurar un proceso de observación, apresurar un análisis sin detenerse a discutir para sacar conclusiones.
No atiné siquiera a decir nada, seguí sus instrucciones. Él confiaba en mi memoria fotográfica tanto como en la suya, pero siempre dijo que “cuatro ojos ven mucho más que dos”. La buena memoria es algo importante cuando lo que sabes o lo que averiguas hacen la diferencia entre la vida y la muerte en tu trabajo.
Mi primo tomó el diminuto reloj, un deshojado cuaderno y algunos bocetos que estaban sobre la mesa de trabajo. Luego se giró hacia mí y me preguntó si estaba listo para irme.
14:39 horas estábamos arriba del brilloso Torino azul. Condujo durante unos 30 minutos en absoluto silencio. Nos alejábamos rápido de la ciudad. Nicolás respiró profundo, miró con atención su espejo retrovisor y me dijo:
- Hoy voy rápido, primo, como a unos 195 km/h. Creo que deberías anotar eso en ese raro diario tuyo, como para olvidarlo.- No entendí su comentario. No significaba absolutamente nada para mí. Él nunca comentaba la velocidad a la que viajábamos a menos que fuera algo extraordinario, y éste no era el caso.
Disimuladamente miré el velocímetro, a penas superábamos los
170 km/h y lejos se veía de los 195 km/h que acusó mi primo. No nos rebasó
ningún vehículo y sólo un auto nos seguía el ritmo desde atrás, se trataba de un
Audi A6, color gris, de vidrios polarizados y patente del año 2008, HVR 195. Supongo
que tengo que admitir que mi primo fue claro: “Hoy Voy Rápido, como a 195 km/h”.
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